La gracia es para ahorita
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Corrie Ten Boom, una mujer holandesa que pasó años prisionera en un campo de concentración nazi, contaba que una de sus más preciadas posesiones, en ese lugar en el que fue despojada de casi todo, era un frasquito que contenía un aceitito que servía de linimento para ayudar a sanar contusiones. Lo tenía bien escondido, se lo ponía luego de las golpizas a las que las sometían los guardianes de la prisión. Un día, en que varias de sus compañeras fueron salvajemente lastimadas, Corrie decidió que no podía guardarse el linimento sólo para ella, y que sin importar si se...leer más