De la mano de María

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De la mano de María

A mi parroquia va una señora que cuando no hay clases, lleva a la Misa de entre semana a su hija, una niña como de siete u ocho años. Y es encantador ver cómo discretamente le va diciendo, a veces quedito, a veces con el ejemplo, lo que ésta debe hacer.
 
Reflexionaba en que es una gran bendición para esta chiquita poder disfrutar la Misa en compañía de su mamá, y en eso pensé que también yo, también tú, podemos gozar de ese privilegio, si vamos a Misa de la mano de María.
 
En este mes en que la festejamos como Madre, y más aún, ahora que el Papa Francisco estableció que el lunes siguiente a Pentecostés se celebre la memoria de María Madre de la Iglesia, ¿qué tal si la invitamos a acompañarnos a Misa, si la vivimos a su lado, tomados de su mano? Ella puede enseñarnos y ayudarnos mucho en cada una de las cuatro partes de la celebración:
 
Ritos iniciales
 
Cuando el celebrante dice: ‘El Señor esté con ustedes’, podemos pedirle a María que nos ayude a abrirnos como Ella, a la presencia de Dios, y a vivir alegres sabiendo que Él jamás nos abandona. En el Acto Penitencial, agradezcámosle que intercede siempre por nosotros, pecadores. Y en el Gloria, que, como Ella nuestra alma alabe al Señor y nuestro espíritu se goce en las maravillas de Dios.
 
Liturgia de la Palabra
 
A María, que dio a luz al Verbo, supliquémosle que nos ayude a acoger la Palabra de Dios, a guardarla, como Ella, en nuestro corazón; a meditarla, amarla, vivirla y comunicarla.
 
Pidámosle nos ayude a vivir, no sólo a decir el Credo.
 
Y en la Oración Universal, a estar como Ella, atentos a las necesidades de los demás, para orar y ayudar.
 
Liturgia de la Eucaristía
 
En la Presentación de las Ofrendas, imitémosla en reconocer que cuanto somos y tenemos se lo debemos a Dios, y con humildad lo recibimos y ofrecemos.
 
En la Plegaria Eucarística acojámonos a su amorosa intercesión, y tengamos presente lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “La Iglesia ofrece el Sacrificio Eucarístico en comunión con la santísima Virgen María y haciendo memoria de ella, así como de todos los santos y santas. En la Eucaristía, la Iglesia, con María, está como al pie de la cruz, unida a la ofrenda y a la intercesión de Cristo” (CEC # 1370).
 
Recemos el Padrenuestro con la conciencia de que Dios es nuestro Padre y Ella nuestra Madre.
 
Y al recibir la Comunión, sea físicamente o como Comunión espiritual, al decir Amén, recordemos lo que dijo san Juan Pablo II, que nuestro ‘Amén’ es como el ‘hágase en mí’ que pronunció María, y que así como el Señor se engendró en su seno, también Jesús viene a nosotros en la Eucaristía, a quedarse en nuestro interior. Pidámosle a María que nos enseñe a acoger al Señor como Ella, con total disponibilidad y amor
 
Ritos de despedida
 
Le pedimos que nos acompañe, que Ella, la primera evangelizadora, la primera misionera cristiana, interceda por nosotros para que sepamos salir a llevar a Cristo a los demás.
 
Confieso que hay un canto de salida que detesto. Dice: ‘adiós Reina del Cielo, adiós, adiós, adiós’. Cuando lo cantan pienso: ‘¡qué adiós ni qué nada! ¡No debemos despedirnos de Ella, Ella quiere seguir a nuestro lado! Mejor cantar aquel que la invita: ‘ven con nosotros a caminar, ¡Santa María ven!’
 
La nena que mencioné al principio, no dejó a su mamá en la iglesia, ¡se fue con ella! Tampoco nosotros dejemos allí a María. Salgamos con Ella de la mano, dispuestos a seguir disfrutando de su amorosa intercesión, ejemplo y compañía ¡todo el día, todos los días!

Publicado en la página 2 de la edición impresa de ‘Desde la Fe’

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