Encuentro cercano con un machismo común y corriente

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Encuentro cercano

Desde hace algunos meses creé un personaje de payaso, dedicado a todas aquellas mujeres que cada día tienen que responder a su faceta de madres, mujeres profesionistas, esposas, hijas, es decir: todas las mujeres. Y que muchas veces cargan con la responsabilidad de hacerlo de manera “perfecta”. Y que encima, tienen en ocasiones que aguantar una serie de paradigmas y esquemas sociales machistas que las exponen a la discriminación, el dolor, el abuso. Ya hablaré de este personaje.

Hoy, solo quiero comentar que fue este personaje, que ya es parte de mí, el que me llevó a reaccionar de una extraña manera el otro día, cuando un hombre alto, fuerte y fornido después de cinco minutos de haberme estacionado, vino a reclamarme en forma violenta el haberle pegado a su coche. No voy a publicar en este espacio las dos páginas que escribí sobre el relato. Simplemente diré que el golpe del que se me acusaba, no podría haberse hecho sin que el conductor, en ese caso yo, se hubiera dado cuenta. Al dudar de su versión la ofensa machista comenzó. Extendí mi mano para presentarme y saludar correctamente, e insistir que llamaría al seguro. Los gritos continuaban. En lo que llegaba el seguro, fui por mis hijos a la escuela y al regresar, el hombre seguí ahí, echado en el asiento de su coche, como si estuviera con vista al mar. Pacientemente esperé al seguro y platiqué a los niños lo que sucedía, haciéndoles entender que claramente se trataba de un abuso, porque yo no había causado ese daño del que me acusaban. El seguro llegó y el ajustador no comprendía de qué manera se había hecho el golpe.

Pero me dijo que si firmaba que yo había pegado, se le pagaría al otro y yo me iría a mi casa sin mayor problema. Pero sí había un problema. El sujeto mentía, el sujeto me había dicho que no deberían darnos licencia para manejar, me había tachado de histérica sin ni siquiera permitirme hablar, y sobre todo, no había podido responder cómo le había pegado. Aceptar el golpe, e irme a mi casa muy feliz, era dejar que este auténtico vivales, volviera a sorprender a una mamá de la escuela, con la misma historia. Alguna vez enfrentándose con personas que llaman al seguro como yo, otras más con señoras con prisa o con hijos en brazos que sueltan fácilmente el billete para que el tipo no les vaya a hacer nada.

No, mi respuesta fue ¡NO! Si yo no pegué, no voy a decir que sí solo para que el sujeto deje de insultarme.

Mis hijos y yo esperamos pacientemente en el coche. El ajustador a pesar de que el otro dudaba, parecía más dispuesto a ceder, y no creo que fuera para irse rápido, sino que casi por ley, las mujeres, en los choques, siempre tenemos la culpa. Le dije, que pensaba que él no me creía, pero que no me importaba, que no firmaría algo que dejaba expuestas a otras mujeres. Finalmente acabó por convencerse de que el agresor, no tenía idea ni podía explicar, la manera en la que se había realizado el golpe. Me sugirió llamar a una patrulla, antes de hacerlo di el beneficio de la duda al sujeto y volví a bajar del coche. Sin poder expresarme, el señor reinició sus insultos diciendo que si fuera hombre ya me habría puesto un hasta aquí, e insistía: ustedes son, ustedes hacen, ustedes…. hasta que volteando para todos lados le dije, señor, no se da cuenta que estoy sola, por qué me dice: ustedes. Pedí la patrulla porque era imposible dialogar con un mentiroso, él decidió partir no sin antes amenazarme, decir que me robaría el coche porque sabía dónde me estacionaba e intentar asustarme tomándome fotos con su celular.

Mis hijos y yo celebramos la victoria porque no dejamos que un embustero se saliera con la suya.

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