Verdad piadosa

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El otro día pregunté a algunas personas qué es una ‘mentira piadosa’, y si habían dicho alguna. Dijeron que se trata de una mentira que hay que decir para que alguien no se sienta ofendido o lastimado, por eso le llaman ‘piadosa’, porque se dice por piedad, por compasión.
 
Reflexionamos entonces que en la vida de fe, no se puede hacer un mal para obtener un bien. En cristiano no creemos en eso de que ‘el fin justifica los medios’.
 
Es cierto que hay verdades que pueden herir a alguien, y en ese caso habrá que valorar si se dicen o no, pero eso es distinto a sustituirlas por mentiras.
 
Nada justifica mentir. Y mucho menos con lo que se relaciona con la vida de fe.
 
Tenemos un ejemplo maravilloso en la Primera Lectura que se proclama en Misa este Tercer Domingo de Pascua (ver Hch 3, 13-15.17-19).
 
Se encontraba rodeado de un grupo numeroso de paisanos suyos, y podría haberse visto tentado de darles por su lado, decirles lo que querían oír, recurrir a alguna ‘mentira piadosa’, pero no fue así.
 
Empezó echándoles en cara, claramente, lo que habían hecho mal. Les dijo: “Rechazaron al santo, al j
usto, y pidieron el indulto de un asesino; han dado muerte al autor de la vida.”
Pero, ojo, no se quedó ahí. Si nos limitamos a decirle a alguien lo que ha hecho mal, podemos llenarlo de culpas, lanzarlo a la desesperanza. Hay que dar el siguiente paso, hacer lo que hizo Pedro, que les dijo: “hermanos, yo sé que ustedes han obrado por ignorancia, de la misma manera que sus jefes”.
 
He ahí la verdadera piedad. Decir las cosas con franqueza, llamarlas por su nombre, pero mostrar comprensión, indulgencia, benevolencia.
 
Pedro, el primer Papa de la historia, nos dejó aquí una pauta a seguir que aprendió bien de Jesús su Maestro y Señor: denunciar el pecado, pero tener compasión del pecador.
Y al final, les dio una salida, les mostró un camino a seguir, les propuso: “arrepiéntanse y conviértanse, para que se les perdonen sus pecados”.
 
Cuando aconsejemos a alguien que ha caído en algo indebido, conviene tener presentes estos tres puntos empleados por san Pedro: hablarle con la verdad; mostrarle comprensión y misericordia, y ayudarle a encontrar una solución para que pueda obtener el perdón y sanar su corazón.

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